CASAS RURALES
Reservas directas por tu web y tu WhatsApp, sin ceder una comisión de cada noche al portal de turno. Es lo que tiene montado Villa María, en Guillena.
Ya trabajan así: Valhalla Smoke · Villa María · Revolution Academia
Booking y Airbnb llenan fines de semana, pero se quedan una comisión de cada reserva y, sobre todo, se quedan al cliente: el huésped es suyo y no tuyo, así que volver a llenar el mes siguiente vuelve a costar lo mismo.
Las consultas llegan a deshora — si queda libre el puente, si se puede ir con perro, cuántos caben, cómo se llega. Quien lleva la casa no está delante del móvil a las once de la noche, y a la mañana siguiente ya han reservado en otro sitio.
Y si las fotos, los precios y lo que incluye la casa sólo viven dentro del portal, quien te busca por tu nombre no encuentra ningún sitio tuyo donde reservar directamente.
El portal se lleva su comisión de cada noche que vendes, y se la va a seguir llevando el año que viene. La cuota de aquí es fija: la reserva número cincuenta te cuesta lo mismo que la primera — nada. Cada fin de semana que entre directo se queda entero en tu cuenta.
Todo lo de arriba —web, CRM y el WhatsApp que contesta solo— es el plan Elite: 999 € de alta y 149 € al mes.
Si de momento sólo quieres la web y tu ficha de Google, el plan Base son 499 € de alta y 39 € al mes.
Precios sin IVA (21 %). Permanencia mínima de 12 meses — abajo está el porqué.
Villa María, en Guillena, lleva su web, su CRM y su automatización con nosotros. No es un ejemplo: es una casa rural real, con su propia dirección, y se puede visitar ahora mismo.
Instagram habla con quien ya te sigue. Google y Maps te presentan a quien está decidiendo ahora mismo y todavía no te conoce — y ahí una historia de veinticuatro horas no sirve de nada: tus fotos, lo que incluye la casa y cómo reservarte directamente tiene que poder leerse a las once de la noche, sin cuenta y sin descargar nada. Las redes se quedan donde están y siguen funcionando; lo que cambia es que dejan de ser el único sitio donde existes.
Lo montamos nosotros y lo mantenemos nosotros. Si hay que cambiar una foto, un precio o un horario, nos lo dices y lo cambiamos — cada plan lleva incluidos sus cambios al año. Lo único que abres tú es el CRM, y se abre en el móvil como una app más: se ve quién ha escrito y qué queda pendiente, y ya.
Contesta al momento, con tus datos y a la hora que sea, cuántos caben, si se puede ir con perro, si hay piscina o cómo se llega. La comparación real no es «eso lo contesto yo mejor» — claro que sí. Es que a las once de la noche, o en plena hora punta, hoy no contesta nadie, y a la mañana siguiente ya han reservado el puente en otra casa.
La cuota no compra un archivo que te entregamos y se acaba: paga que aquello siga publicado, al día y contestando todos los días del año, más los cambios que pidas dentro de tu plan. Por eso va por meses y no de una vez. Y antes de firmar te decimos qué plan encaja con una casa rural y qué se queda fuera: si no te compensa, el sitio para descubrirlo es esa conversación y no el mes ocho.
El sistema no sabe de sectores. Vale para cualquier negocio local que atienda clientes: lo que cambia son las preguntas que responde tu WhatsApp y los datos que guarda tu CRM. Cuéntanos en dos líneas qué haces y te decimos qué plan encaja y cuánto costaría — y si vemos que no te compensa, te lo decimos también, que es más barato para los dos.
Cuéntanos cómo llevas hoy las reservas y los mensajes, y te decimos qué plan encaja y qué costaría. Por el canal que prefieras — te contestamos por el mismo sitio.