PELUQUERÍAS
Una web donde se ve tu trabajo y se pide cita, y un WhatsApp que contesta precios y huecos mientras tienes las manos ocupadas. Sin comisión por cita.
Ya trabajan así: Valhalla Smoke · Villa María · Revolution Academia
El teléfono suena con las manos dentro de un tinte. O lo coges y dejas a la clienta a medias, o no lo coges y esa cita se pide en la peluquería de al lado.
Las mismas preguntas todo el día: cuánto cuesta unas mechas, cuánto se tarda, si hay hueco el sábado. Y se contestan de memoria, distinto cada vez.
Un hueco de color que se cae sin avisar no son veinte minutos: son dos horas de sillón vacías que ya no se recuperan ese día.
La ficha de cada clienta —qué color se le puso, qué producto, cuándo vino— vive en una libreta o en la cabeza de quien la atendió.
Cuenta lo que te deja un servicio de color y cuántos huecos se te caen al mes sin avisar. La cuota es fija: ni la cita número diez ni la número cien te cuestan un porcentaje, al revés que las plataformas de reservas.
Todo lo de arriba —web, CRM y el WhatsApp que contesta solo— es el plan Elite: 999 € de alta y 149 € al mes.
Si de momento sólo quieres la web y tu ficha de Google, el plan Base son 499 € de alta y 39 € al mes.
Precios sin IVA (21 %). Permanencia mínima de 12 meses — abajo está el porqué.
Estas tres webs están publicadas y se pueden abrir ahora mismo: son negocios reales de Sevilla, con su web, su CRM y su automatización en marcha. Míralas antes de escribirnos — para una peluquería el sistema es el mismo; lo que cambia son las preguntas que contesta y los datos que guarda.
Instagram habla con quien ya te sigue. Google y Maps te presentan a quien está decidiendo ahora mismo y todavía no te conoce — y ahí una historia de veinticuatro horas no sirve de nada: tus servicios, tus precios y tus fotos tiene que poder leerse a las once de la noche, sin cuenta y sin descargar nada. Las redes se quedan donde están y siguen funcionando; lo que cambia es que dejan de ser el único sitio donde existes.
Lo montamos nosotros y lo mantenemos nosotros. Si hay que cambiar una foto, un precio o un horario, nos lo dices y lo cambiamos — cada plan lleva incluidos sus cambios al año. Lo único que abres tú es el CRM, y se abre en el móvil como una app más: se ve quién ha escrito y qué queda pendiente, y ya.
Contesta al momento, con tus datos y a la hora que sea, los precios, cuánto se tarda o si queda hueco el sábado. Y cuando le preguntan algo que no sabe, no se lo inventa: te pasa la conversación a ti. La comparación real no es «eso lo contesto yo mejor» — claro que sí. Es que a las once de la noche, o en plena hora punta, hoy no contesta nadie, y esa cita se pide en la peluquería de al lado, que sí lo tenía puesto.
El plazo estimado es de 10 a 14 días laborables desde que tenemos los contenidos y el pago inicial. Puede ir más rápido o alargarse un poco según el proyecto y según lo que tardes en pasarnos fotos y textos, que suele ser lo que marca el ritmo. Es el mismo plazo que figura en el contrato, no una estimación de mostrador.
La cuota no compra un archivo que te entregamos y se acaba: paga que aquello siga publicado, al día y contestando todos los días del año, más los cambios que pidas dentro de tu plan. Por eso va por meses y no de una vez. Y antes de firmar te decimos qué plan encaja con una peluquería y qué se queda fuera: si no te compensa, el sitio para descubrirlo es esa conversación y no el mes ocho.
El sistema no sabe de sectores. Vale para cualquier negocio local que atienda clientes: lo que cambia son las preguntas que responde tu WhatsApp y los datos que guarda tu CRM. Cuéntanos en dos líneas qué haces y te decimos qué plan encaja y cuánto costaría — y si vemos que no te compensa, te lo decimos también, que es más barato para los dos.
Cuéntanos cómo llevas hoy las reservas y los mensajes, y te decimos qué plan encaja y qué costaría. Por el canal que prefieras — te contestamos por el mismo sitio.